Había una vez…

Publicado un domingo, 10 de Xuño de 2007. Categorías: Politiqueo
ETA por Máximo

…hace mucho mucho tiempo, una aldea cuyos habitantes vivían atemorizados por un ogro que cada cierto tiempo exigía que le fueran entregadas tres vírgenes, dos machotes, seis lápices de colores de madera buena, un jamón de jabugo y cuatro temporadas de House en DVD. Cuando al ogro se le hacía saber que House va sólo por la tercera temporada… ¡Huy, madre mía, cómo se ponía el ogro! Venga a comerse gente. Que si no puede ser, que qué clase de democracia es ésta, que si esto es fascismo puro… El tío bajaba al pueblo, entraba en la cantina dando patadas a los taburetes, y al primero que pillaba se lo comía sin decir ni Blas. “Tú, por fascista, pues ahora te como”. Y se lo comía. Después se subía a una silla y gritaba a la concurrencia: “Suerte tenéis de que yo os defiendo a todos, que si no…”. Era un ogro surrealista: primero se comía a alguien, advertía que se podía comer a cualquiera, y luego decía que les defendía de un fascista que les oprimía y que no era él. (…)

El ogro tenía sus propias leyes: la policía no le podía detener, aunque cometiera delitos, porque si se le detenía era fascismo. Mucho menos, por supuesto, se le podía juzgar. Eso ya era la repanocha. “Lo de juzgar es fascismo, aquí y en Vladivostok”, pensaba el ogro. De cárcel, ni hablamos. La cárcel era un secuestro propio de fascistas, según las leyes del ogro. En cambio, elegir en silencio una víctima y asesinarla por la espalda, o tenerla en un zulo durante meses, no es fascismo, sino libertad, según el ogro.

Extracto de El enredo de Antonio Martínez de hoy.